Las cuentas corporativas españolas dejan una fotografía menos evidente de lo que sugieren los titulares: las ventas pierden velocidad, pero los resultados y la rentabilidad mejoran. El sector energético explica parte del movimiento, aunque no todo.
Las ventas frenan en el primer trimestre
La cifra neta de negocios de las empresas no financieras analizadas por la Central de Balances del Banco de España aumentó un 1,1% durante el primer trimestre de 2026. Un año antes, el crecimiento había sido del 5,6%.
La desaceleración es considerable. Sin embargo, existe una distorsión sectorial importante: excluyendo energía, refino y comercio mayorista de combustibles, el incremento habría alcanzado el 2,7%. La actividad empresarial española no está cayendo; está creciendo a menor velocidad.
El resultado ordinario neto presenta una evolución mucho más favorable: aumentó un 35,7%, frente al retroceso del 17,4% registrado en el primer trimestre de 2025. Sin la aportación extraordinaria del refino y el comercio de combustibles, el crecimiento habría sido del 6%.

Foto: Archivo Mundo Ejecutivo
La rentabilidad del activo se consolida
La señal probablemente más interesante para inversores aparece en la rentabilidad del activo (ROA):
- Pasó del 3,6% al 4,5% en un año.
- Se mantiene por encima de su promedio histórico.
La conclusión requiere matices. No significa que todas las compañías españolas estén ganando más ni que los márgenes hayan dejado de estar presionados. De hecho, la encuesta sobre acceso a financiación del segundo trimestre muestra que los elevados costes —especialmente los no laborales— siguen ejerciendo presión sobre los beneficios.
Lo que muestran ambos indicadores conjuntamente es una economía empresarial heterogénea:
- Divergencia sectorial: Los resultados varían drásticamente según la industria.
- Prioridad operativa: Foco en la generación de caja y el retorno sobre activos antes que en el crecimiento de facturación aislado.
- Cambio de modelo: En un escenario donde vender más ya no garantiza ganar proporcionalmente más, la eficiencia vuelve al centro de la estrategia corporativa.
Para un CEO, un inversor o un family office, las medias nacionales tienen cada vez menos capacidad para explicar por sí solas dónde están las oportunidades.
El crecimiento empresarial de la próxima etapa probablemente se medirá menos por volumen y más por capacidad de transformar ingresos en rentabilidad sostenible.
